En todos los lugares del mundo comunidades territoriales resisten a los efectos de la devastación. Pero mientras resistimos debemos saber que la resistencia es una forma residual y que la inteligencia crítica aspira a interpretar y subvertir la tendencia, no a proteger el residuo.
No sirve de nada oponer la fuerza de las reglas a la regla de la fuerza, no sirve de nada oponer la razón al flujo: sólo sirve crear dispositivos de atracción, dispositivos para la desactivación del principio económico: ondas de relajamiento de la presión competitiva y de reconfiguración de la percepción colectiva de la riqueza.
Es necesario repensar la riqueza como goce del tiempo y no como pulsión adquisitiva.
No se trata de predicar otra idea de riqueza, sino de crear un movimiento de ricos, es decir, de personas libres que no posean nada, que tengan necesidades de poquísimo y de difrutar del propio tiempo como propiedad inalienable. Un movimiento de ocio y de sabotaje, un movimiento de la substracción y de la lentitud, multiplicado por la infinita velocidad de la red.