¿Qué es el esquizoanálisis? El Anti-Edipo

  

Gilles Deleuze y Felix Guattari

  El Anti-Edipo

 

(Parte final de “El Anti-Edipo” de G.Deleuze y F.Guattari, págs: 389-392)

“Los que hasta aquí nos hayan leído tal vez tengan muchos reproches por hacernos: creer demasiado en las pura potencialidades del arte e incluso de la ciencia; negar o minimizar el papel de las clases y de la lucha de clases; militar por un irracionalismo del deseo; identificar al revolucionario con el esquizo; caer en todas estas conocidas trampas, demasiado conocidas.

Sería una mala lectura, y no sabemos qué vale más, si una mala lectura o no leer nada.

Seguramente, hay otros reproches más graves en los que no hemos pensado.

Mas, en cuanto a los precedentes, decimos, en primer lugar, que el arte y la ciencia tienen una potencialidad revolucionaria, y no otra cosa, y que esta potencialidad aparece tanto más cuanto uno menos se pregunta por lo que quieren decir, desde el punto de vista de los significados o de un significante forzosamente reservado a los especialistas; además hacen pasar en el socius flujos cada vez más descodificados y desterritorializados, sensibles a todo el mundo, que obligan a la axiomática social a complicarse cada vez más, a saturarse más, hasta el punto que el artista y el sabio pueden estar determinados a ir a dar a una situación objetiva revolucionaria en reacción a las planificaciones autoritarias de un Estado por esencia incompetente y sobre todo castrador (pues el Estado impone un Edipo propiamente artístico, un Edipo propiamente científico).

En segundo lugar, no hemos minimizado en modo alguno la importancia de las catexis preconscientes de clase y de interés, que están basadas en la infraestructura misma; pero les concedemos tanta más importancia en cuanto son en la infraestructura el índice de catexis libidinales de otra naturaleza y pueden conciliarse u oponerse a ellas. Lo cual no es más que un modo de plantear la cuestión “¿Cómo puede ser traicionada la revolución?”, una vez dicho que las traiciones no esperan, sino que están ahí desde el principio (mantenimiento de catexis paranoicas inconscientes en los grupos revolucionarios).

Y si invocamos al deseo como instancia revolucionaria es porque creemos que la sociedad capitalista puede soportar muchas manifestaciones de interés, pero ninguna manifestación de deseo, pues ésta bastaría para hacer estallar sus estructuras básicas, incluso al nivel de la escuela materna. 

Creemos en el deseo como en lo irracional de toda racionalidad y no porque sea carencia, sed o aspiración, sino porque es producción de deseo y deseo que produce, real-deseo o real en sí mismo.

Por último, no pensamos en modo alguno que el revolucionario sea esquizofrénico o a la inversa.

Al contrario, nunca hemos dejado de distinguir al esquizofrénico como entidad de la esquizofrenia como proceso; ahora bien, ésta no puede definirse más que con respecto a las detenciones, a las continuaciones en el vacío o a las ilusiones finalistas que la represión impone al propio proceso.

Por ello hemos hablado tan sólo de un polo esquizoide en la catexis libidinal del campo social, para evitar en lo posible la confusión del proceso esquizofrénico con la producción de un esquizofrénico.

El proceso esquizofrénico (polo esquizoide) es revolucionario, en el mismo sentido en que el procedimiento paranoico es reaccionario y fascista; y, desembarazadas de todo familiarismo, no son estas categorías psiquiátricas las que deben hacernos comprender las determinaciones económico políticas, sino exactamente al contrario".

* Texto completo aquí

 ** Entrevista a G.Deleuze y F.Guattari por Catherine Backes-Clément

 

 

"El esquizoanálisis no tiene escuela, no tiene axiomas de actuación profesional,   no "profesa" sino que prueba agenciamientos de sentido". (Gabriela Berti)